martes, 10 de marzo de 2009

CADALSO DE VERANO



Aguardo un poder trascendente
que siembre consuelo ante latigazos de viento,
previo a la engañosa pausa que da lugar
al sofocón de arenilla, raudos escombros, bramidos,
voraces lenguas de fuego.
Ahora que nuestros corazones
laten por un instante en unísona calma,
libres del ronco vendaval que nivela todas las cosas,
me desvivo por más tiempo
.................................junto a tu fresca piel.

Embestida de canícula insensible,
cadalso de horas serenas.
Estructura oscilante,
acata la ley que reduce a polvo
insectos, polluelos, animales, hombres.

Represalia con navajazos
.......................................¡jirones de piel!

Los condenados, esposados en mesetas,
en erosionada hendedura o en sedientos montes
de pinares, serán linchados por llamaradas
sibilantes que obedecen infausta señal;
morirán abucheados por ráfaga y conflagración.

El viento es otra cara de la muerte,
casi carnal, con nervio de lujuria,
hurtando materia viviente
de anchas franjas en parajes ancestrales.
Mito y leyenda fúndense en tierra baldía
picoteada hasta los huesos.
¿Será que el confín de nuestro continente
alejóse, antaño, de su dios centinela?

Abrazada a tu cuerpo desnudo,
clamo por un sentido
encumbrado, más allá del matojo
que rueda sobre el vientre expuesto
de la estepa.
Mas el mantón de cenizas, verdugo
irrecusable, enróscase en mi cuello;
siento miedo, agarrotada
entre mis oraciones
.....................................y el oído de Dios.



Silvia Evelina, Buenos Aires, Argentina, 2009.
Todos los derechos reservados.


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