viernes, 8 de enero de 2010


GAIA


Te he soñado en tus praderas,
en tus ríos, en tus lagos.
Soñé noches de búho y felino,
el amanecer pintado de arco iris
y ranas croando lluvias.
Mediodías de girasoles risueños,
aromas de la huerta de mi madre
acariciando mi rostro dormido
tras enredaderas de jazmines.

Anoche soñé duendes en la pantalla de mi PC,
poesías que nadie escribió
y las que perduran en la memoria del que murió.
Yo sé que alguna vez soñaré catedrales góticas,
el Taj Mahal,
el puente romano atravesando olivares itálicos,
la biblioteca de Alejandría en el fondo del mar.


Rememoraré el barcito de la esquina,
el Café Tortoni, el picarezco Maipo…
Los bosques de Palermo y
Les Champs Elyseés.
Te sueño ahora, planeta prodigioso,
en mi habitación oscura y silente (que también sueño).


Habrá pesadillas de escarnio, afrenta, envidia,
templadas por amor y la risa de un niño;
por la pureza de esa flor a la vera del camino,
de veleros en las celestes bahías.
Imagino la aurora austral, el imponente glaciar
y el cubito de hielo en mi copa de brindis.


Brindo por ti, Gaia ¡planeta soñado!
Por tu misterio, tu sinrazón, tu pregunta...
la paradoja de tu existencia y la mía.
                   
¡Ay! Desazón por guerras y hambrunas,
submarinos nucleares sepultados en mares bravíos;
sueño navegantes soñando la vida,
sueño el mito del alma libre,
quimeras de tregua, querencia, hermandad.


Desenfreno de una conflagración anunciada,
la devastación que te habré causado,
aniquilación y temblor -
henchidos cuerpos, comarcas de muerte.


Mas la muerte no será tu muerte,
                                    La Muerte... será la mía.




© Silvia Evelina, Buenos Aires, Argentina, 2010.
Todos los derechos reservados.



Con este poema participo en el segundo Concurso de Poesía de Heptagrama







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