Aquí guardo un poco de todo. Mis videos de música favorita, o documentales, entrevistas. También alguna poesía de mi autoría. Como si fuera un viejo baúl que abro para rememoriar eventos pasados, quizás olvidados.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Adiós a mi cuerpo



Réstame incierta hora
para improvisar el adiós a mi cuerpo.
Cuerpo moldeado de polvo
por mano única, mano de artesano
que insufla movimiento y vida
a seres dispares, al insecto y al hombre.

Dios árbitro de la muerte
desde el instante de la Creación;
quien me guió hacia bibliotecas,
enseñó música, regaló amaneceres
iluminados por huellas de pasión;
ocultó grillos y zorzales indiscretos
en enredaderas enamoradizas de mi ventana.

Réstame una hora, que bien podría
ser un instante, para despedirme
de la escuelita rural de mi infancia;
de los muros de la universidad
resonantes con orfeones solemnes
sobre el Ser, sin distingo entre la Nada
y las tangibles formas de mi amada.

¡Adiós al encanto de cabalgar
por valles y praderas!
¡Despedirme de trenes y bicicletas!

¡De rememorar los labios de mi Amor!

¿Qué extraña voluntad rige este final
de espumas? ¿Quién arbitra el frágil
entretejido de rosas y tormentos?
Sin duda hubo errores, algún descuido
en el celeste andar de ángeles caídos.

Ansias de vivir en mi desfalleciente cuerpo,
joven pero fatigado cuerpo, corazón que late aún.
Perduro en estos brazos quietos,
mis labios mudos, sin aliento, fríos como
letras esculpidas en el certero mármol.

¿Ha llegado el instante supremo
de comprender misterios encumbrados?
De morir aquí...

                             o de Vivir eternamente…

Copyright: Silvia Evelina, Buenos Aires, Argentina, 2011.
Todos los derechos reservados.


































jueves, 10 de marzo de 2011

La huerta de mi madre



Mi madre, arrodillada en la huerta,
quitando malezas de almácigos;
una niña, mejillas color frambuesa,
posada en colchón de hojas secas
entre arpillera y canastos de higos -

Memorias… ¡ay! de tierna belleza.

Cerca del paredón de ancha puerta,
un peón con olor a vino y ropa sudada,
eternamente apoyado en las rejas
del aljibe en el patio de tardes rosadas.
Brisas con agrios aromas de moras,
hoja áspera y bichito de San Antonio.


Torcazas, gorriones, hartos de demoras,
picoteándose y chiflando… ¡retirada!
para colmar la pancita, sobre un peldaño,
con brotes robados de la huerta dorada.


Cuando la silente chacra dormía su siesta,
la niña hurtaba los frutos prohibidos,
cual pájaro consumando su fiesta
en el vergel soleado, reverdecido.


De noche traían al médico del pueblo,
engominado y serio, de traje azul botella,
recetaba infusiones de hierba o canela,
paños, ventosas, linimento turbio.
La niña lloraba, se lamentaba la abuela,
ardían manos, frente, cabello rubio,
empapando la cama en febril acuerdo.


Mas una imagen perdura en mi recuerdo -


…la magia de la huerta de mi madre
donde yo acudía en busca de refugio
-bajo la solana de la apacible tarde-
de tanto enredo y mundano artilugio.

Dedicado a la memoria de mi dulce madre.


© Silvia Evelina, Buenos Aires, Argentina, 2011.
Todos los derechos reservados.





Sonrisitas por tus mimos...