2 de abril de 2010
El viento, un puma que aúlla.
Lo oigo jadear en lluviosa oscuridad,
guerreando acantilados del Atlántico Sur.
Las rías escupen vapor arcano,
como enfurecidas serpientes de mar
cautivas de fuerza indómita.
La silueta galopante del puma,
inclinada veloz sobre playas hendidas,
desafía el océano estruendoso,
acuchilla con fuego fatigados cielos.
El Viento Puma me llama;
lo oigo, alerta a sugestivas pausas,
sus ocasionales tonos sosegados.
En sombrías aguas, percibo ojos fulgurosos,
ocres como espuma de marejada austral.
¡Criatura mítica remontando espinazos de olas
cuando el mar brama desde la negrura!
Lejos de ti, sí,
cabalgaré sobre el Viento Puma,
ultramarina ante el vano tráfico de este mundo.
Luego de esta última noche contigo,
abrazada a tu piel desnuda,
me escoltarán mar adentro
las garras del Viento Puma,
filosas y frías como carámbanos.
Mañana, saborearás la sal
en nuestros cuerpos anhelosos:
nostalgia amorosa frente al hogar a leños,
cobijado de errantes vientos
que peinan el Atlántico distante.
Copyright: Sylvia Evelyn, Buenos Aires, Argentina, 2010.
Todos los derechos reservados.
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